
Me bajé del metro y las nubes culeadas aún no se largaban a llover. Entré a un café y pedi un cortado, frente a mis ojos, en la pared, una letra temblorosa decía: is there anybody out there? Debajo, con una letra negra, gruesa, segura, alguien respondía NO. Me sacudí y salí. Miré a mi alrededor y, efectivamente, no habia nadie.
